SANSUIKYÔ, Dojo Budista Zen de Girona

Dojo Zen Girona

Sesshin

18 y 19 de noviembre de 2011

Guy Mokuho Mercier

sábado, 19 de noviembre de 2011

Zazen 9:00

Un maestro Zen ha hecho esta recomendación, que sin duda algunos de vosotros ya conocéis.

“No miréis el dedo que muestra la luna, mirad la misma luna”

Durante kin-hin he evocado la palabra Presencia. La meditación es ir de esta palabra hasta lo que ella indica. En nuestra experiencia ahora, en nuestro sentir corporal. En el juego mismo de los pensamiento, ¿Qué indica la palabra Presencia? Nadie puede responder en nuestro lugar. En cada instante Somos. Haya buenas sensaciones o malas. Haya o no presencia, somos. Cada uno de nosotros lo sabe. Y este conocimiento, que es el corazón de la meditación, está más allá del pensamiento y del no pensamiento. Es Hishiryo en el vocabulario del Maestro Dogen. En la meditación, la única cosa a hacer es permanecer en esta presencia. Sin hacer esfuerzos particulares, puesto que ya somos. Es tan sólo darse cuenta de lo que de hecho ya es ahora. Consciencia del Ahora, Consciencia de la Presencia, y al mismo tiempo Presencia de la Consciencia.

En Hishiryo, el corazón de la meditación, hay pensamiento y no pensamiento. Al mismo tiempo no es necesario querer estar sin pensamientos. No es necesario querer atrapar Hishiryo, puesto que ya es lo que somos en cada instante, Presencia.

Cuando somos conscientes de esta presencia, estamos en medio de la vida. Son palabras del Maestro Wan Shi. Venir a la vida, estar en la presencia es, dice Dogen, como subir sobre un barco. Desde que estamos a bordo izamos la vela y maniobramos el timón. Aunque aparentemente seamos nosotros los que hacemos avanzar el barco, en realidad es el barco, la vida, lo que nos lleva.

Sin el barco no somos. Cuando subimos a bordo del barco, cuando nacemos, aparecemos como forma, hacemos que el barco se convierta en barco, la vida se convierta en la vida. Cuando nacemos, al pasar de la infancia a la edad adulta y luego a la vejez, con sufrimiento, trabajando, amando, meditando, no hacemos más que la vida sea vida. Y no hay otra vida. Es simplemente la vida ahora, nada está separado de ella. No hay por tanto nada a añadir o quitar. Es lo mismo para la meditación; no hay nada a añadir o quitar a lo que es ahora. Simplemente presencia. La propia simplicidad. La total armonía con el silencio. Los sonidos. La respiración. Las sensaciones con la vida, ahora.

¿Somos capaces de dejarlo, abandonarlo todo para permanecer en la simplicidad de la presencia? Incluso si nos duelen las rodillas, o el Zazen no es muy cómodo, es simplemente esto, ahora.

Zazen 11:30

Casi todos venimos a la práctica de la vía búdica, de la meditación, porque nos parece que nos falta algo. Tenemos la impresión de que la vida que vivimos no es la vida buena, que hay un lugar donde existe la felicidad. O que debemos encontrar el despertar. Y todos los esfuerzos que hacemos son para obtener esta liberación que nos dará una felicidad sin fin, o que nos llevará al Nirvana, el paraíso en la Tierra.

Cuando practicamos con el deseo de obtener algo, la práctica se vuelve técnica, un medio, y deja de ser el Zen de los Patriarcas. No es el Zazen de Buda. Desde luego, se dice que debemos alcanzar la otra orilla. Y ése es el sentido de los Paramita. Hannya Haramita Shingyo, el sutra que nos lleva más allá, la sabiduría más allá. Esta idea de un resultado o una meta, es justo una idea, porque al fin y al cabo, la otra orilla es siempre ahora. Cada instante en nuestra vida ha estado siempre en el ahora. De ese ahora que pasa da la impresión que hay un camino, pero la realidad es ahora, siempre ahora, y como dice Dogen, siempre está aquí. No podemos salir del ahora. Tampoco podemos entrar.

Estamos siempre en el ahora; es donde permanecemos. Es siempre un viaje de aquí a aquí, de ahora a ahora. No hay otro destino. Cuando conducimos el barco, cuando estamos en nuestra actividad, tomamos la vida. La gran vía somos nosotros ahora. El barco se desliza sobre el agua, la vida se desliza sobre el ahora. Sin el ahora, no hay vida. Y nuestra propia meditación es esto. Si podemos dejar de esperar, todo se despliega en el ahora. Esto quiere decir que hemos llegado ya a destino. En realidad es un destino que no hemos dejado nunca; aquello que se manifiesta como presencia. Liberados de la preocupación de una meta a alcanzar, podemos descansar en la simplicidad del ser. Es decir, mantenernos en la tranquilidad del ahora. Todo está abierto. Nada está escondido. Es simplemente esto.

Dogen nos dice “Estudié este instante con aplicación”. Este instante es aquél en que el mundo entero y el barco, la vida, son un único y el mismo mundo. No hay más dualidad. Todo es uno. Todo. El cielo, el agua, el barco, el río. Son un único y un mismo mundo, un único y el mismo instante.

MONDO

Pregunta: ¿Si en el Zen lo importante es Zazen, de qué nos sirve el ritual?

Respuesta: El ritual se utiliza porque no es posible estar todo el día en meditación. Así, hacemos también meditación durante el ritual. Todo es el ser y el despertar durante la práctica. Tanto durante Zazen como durante el ritual, puesto que todo es estar en el ahora, porque todo allí es uno.

Los practicantes deben saber que no hay separación entre Zazen y el resto de actividades, porque todas son en realidad el despertar cuando todo está en el instante presente. Lo único importante es que el instante presente esté vivo. Si yo no estoy aquí y ahora, ¿Dónde estoy? Donde hay separación hay sufrimiento, puesto que no se acepta lo que es en el momento presente. Este es el problema, estar separado de todo lo que es en el momento que es. Lo importante es estar siempre en el momento presente, sea durante Zazen o en el ritual o ceremonia.

En el ahora soy uno con todos los seres, porque todos vivimos en el aquí y ahora. Incluso si pienso algo, este pensamiento está en al ahora. El apego crea separación. Nuestra práctica es observar quién se apega y quién se resiste. Algunas religiones apegan a los hombres a las creencias, y así determinados hombres van tomando poder sobre otros y los desvían de su humanidad.

Hay mucha resistencia a los rituales. Normalmente los queremos hacer sólo si los entendemos. Pero a veces no comprender es aceptar la realidad tal como es. Aceptar la realidad ahora.

Pregunta: Cuando hago una iniciación a una persona nueva, a veces no sé explicar para qué sirve el Zen, ni para que sirven los rituales en el Zen.

Respuesta: Cantar sutras es ritual, y lo importante es que es la conciencia expresándose a través de mi. El Hannya Shingyo contiene la enseñanza global del budismo. En los siglos pasados hubo devoción cristiana, pero ahora esto está perdido. A través de la meditación resolvemos el koan de nuestra vida. El koan de la vida es el Genjo Koan. Este koan se resuelve en la Presencia. Todo se resuelve en el instante presente. Sólo Zazen es una flor sin agua, un poquito seca. La ceremonia, el ritual, es expresar gratitud a todos los maestros por todo lo que nos han transmitido.

Pregunta: ¿Qué es la verdad?

Respuesta: Tú.

Pregunta: ¿Y quién soy yo?

Respuesta: Quien busca. Venimos, amamos, vivimos, sufrimos y morimos sin saber porqué. La respuesta está en el silencio aquí y ahora. Es importante ver la gimnasia que hace la mente para escapar del ahora. La meditación es ir al corazón, antes de las interpretaciones, al silencio.

Aquí venimos a buscar algo diferente de lo que persigue la gente. De hecho las personas han olvidado que ellas son, e incluso han olvidado que han olvidado. Los seres humanos viven en un sentimiento de carencia, y creen que en los objetos exteriores o en las creencias podrán encontrar el fin de su carencia.

Hay que parar todo esto para regresar al silencio. En la presencia de la que he hablado, sensación de ser, hay sonidos, hay personas que pasan… Y hay también algo que no se mueve. Y que está siempre aquí y ahora. ¿Qué es eso? Es el Buda. El Buda y los maestros de la transmisión del Zen veían lo que era aquí y ahora. Veían que el sufrimiento se crea en la construcción de la mente, que crea el tiempo y el espacio. Por eso tenemos que cesar en la búsqueda de todo concepto o expectativa, para regresar al aquí y ahora.

Pregunta: Cuando nos ordenamos, practicamos y cantamos, decimos que antes de salvarnos a nosotros mismos salvaremos al resto de los seres. Sin embargo, en mi trabajo, en la sanidad, muchas personas sufren y no sé cómo ayudarles.

Respuesta: Si quieres ayudarles, escúchales y dales tu amor. Dales palabras amorosas. Todos los seres humanos hemos perdido el amor, que es nuestra naturaleza. La compasión es nuestra naturaleza. Hay que mostrarles el amor a las personas que sufren. Lo que la gente pide sobre todo es amor.

Pregunta: ¿Porqué enfermamos?

Respuesta: Es naturaleza humana. Nacer, enfermar y morir. Si estoy identificado, apegado a mi cuerpo, sufro. Si no lo estoy tanto, en caso de enfermedad no sufro tanto. Estamos identificados con algo que cambia continuamente, y desde esta identificación a la forma, nace el miedo y el sufrimiento.

El trabajo del bodhisattva es hacer florecer el amor y las palabras amorosas. El pánico y el miedo nacen en la mente. Yo no soy el miedo, el miedo nace en la mente. Si yo pienso que yo soy el pensador, el miedo crece. Si no lo pienso, puede haber miedo pero también puedo dejarlo marchar. Para ayudar hay que ir más allá del miedo. Esto es la vía del Zen. Hay que identificar lo que es el miedo, hay que ver cómo aparece y desaparece el miedo.

El contenido de los pensamientos son todo tipo de emociones, que pasan a través de la mente. El bodhisattva ayuda sin deseo de ayudar, simplemente porque está allí. Es precisamente cuando no hay nadie que la ayuda surge.

Pregunta: No te entiendo cuando dices que no hay meta que alcanzar, y que no hay nada que buscar.

Respuesta: En el plano relativo hay meta, en el absoluto, no la hay.

Pregunta: Querría que hablaras acerca de Zen y ecumenismo. Y el ecumenismo como herramienta para cambiar el mundo.

Respuesta: Todos los fundadores de todas las religiones han dicho lo mismo. El problema es que luego se ha malinterpretado, y los líderes religiosos han utilizado la religión para controlar, para tener poder y dinero.

No tiene sentido plantearse el ecumenismo como una herramienta para cambiar el mundo, porque hay que comenzar por observarse a uno mismo. Esto es el Zen. Además el mundo se mueve él solo. Lo único que tiene sentido de nuestra práctica es meditar y estar presente aquí y ahora.

Zazen 17:30

“Estudiad este instante con aplicación”

Es Dogen quien habla. Este instante presente es aquél donde el mundo entero y el barco, la vida, son uno solo en el mismo momento. Estudiar este instante con aplicación es realizar esta presencia que no está afectada por los pensamientos, por las emociones, por las sensaciones, por las percepciones. Es aquello que lo contiene todo.

Estudiar la vía de Buda es estudiarse a sí mismo. Los maestros del Zen explican esta frase continuamente. Es Dogen en el Genjo Koan. Y estudiarse a sí mismo es olvidarse de uno mismo, del ego, del ego. Cuando me olvido de mí mismo frente el otro, soy el otro. Por tanto, olvidarme de mí mismo es ser uno con los otros. Olvidar las propias opiniones, creencias, miedos. Todo lo que vive en la mente. Todo lo que se formula bajo la forma de pensamientos, de juicios, de opiniones.

Lo que se puede cambiar en nuestra vida no son las circunstancias, los fenómenos, sino el yo que dicta, que piensa nuestra vida. Estudiad este yo con aplicación. Ved de qué está hecho. Ved cómo este yo intenta sin cesar escaparse de la presencia. Durante Zazen observamos lo que aparece y desaparece. No es nosotros. Si buscáis realmente el yo, con toda vuestra aplicación, no encontraréis a nadie. Sólo recuerdos, apegos, temores, dudas. En ausencia total del yo, el corazón de la presencia, el corazón de Zazen, todo, el cielo, la tierra, el agua, el río, y el barco, son un único, un mismo momento.

Y ved que no hay ningún esfuerzo que hacer para estar presente. Presencia. Ya aquí. Siempre está ya aquí. En esta presencia podemos dejar caer los porqué, y los cómo. Y simplemente ser. Ser sin yo. Sin la idea de yo. Sin la creencia en un yo. Es mucho más simple que seguir las acrobacias de este yo. Sus complicaciones. Simplemente ahora. Sin nadie.

Zazen 20:00

He aquí una pequeña historia entre Sekito y su discípulo Yakusan. La cuestión de la meditación, Zazen. El tema es el estado del espíritu durante Zazen.

Un día Yakusan estaba sentado en Zazen, y Sekito le preguntó “¿Qué haces?” Yakusan respondió “No hago nada”. Entonces Sekito le dijo “En este caso, estás sentado de forma perezosa, ociosa”. Yakusan replicó “Si yo estuviera sentado de forma perezosa, ociosa, eso sería hacer alguna cosa”. Entonces Sekito le preguntó “Dices que no haces nada, ¿Qué es este no hacer nada?”. Y Yakusan replicó “Ni tan siquiera mil Budas lo saben”. Sólo vosotros mismos podéis saber si estás haciendo alguna cosa con vuestra meditación. Entonces, lo que podemos decir es que cuando el yo se va, cuando desaparece en la presencia, la meditación se hace sola.

Domingo, 20 de noviembre de 2011

Zazen 8:00

Sekito preguntó a Yakusan, sentado sobre su zafú: “¿Qué es no hacer nada?” Yakusan respondió “Ni siquiera mil Budas pueden decir”. Pero cada uno de nosotros puede ver en su meditación si hay hacer o no hacer. ¿Hay resistencias? ¿Hay expectativas? ¿Hay esfuerzos para controlar los pensamientos, o para crear un estado de conciencia especial?

¿Qué es no hacer nada? Quedar simplemente sentado en el zafu, y abrirme a lo que es en este ahora. Simplemente dejar que la meditación se haga, sin intervenir, sin intentar controlar, sin manipularnos a nosotros mismos a partir de nuestros miedos y creencias. Abandonarse a este momento, juntos, esta mañana.

Cuando vamos al dojo decimos a los demás, a los de nuestra familia, voy a hacer Zazen. Es lo que generalmente pensamos también de nuestra práctica. ¿Pero quién hace qué? ¿Hace Zazen el ego? Hacer Zazen es peligroso para el ego. Puesto que en el Zazen de los Budas y de los Patriarcas, el ego, la idea de un yo haciendo Zazen, debe desaparecer. Y eso se produce durante Zazen, el sentimiento de un yo que hace Zazen, desaparece.

No se trata verdaderamente de hacer Zazen, sino de dejar que el Zazen se haga. Sin intención. Sin buscar atrapar nada. Aceptando lo que es. Es una apertura total al instante presente. Con lo que aparece y desaparece en el cuerpo, las sensaciones, los sonidos que se producen, las campanas, la voz del Godo, el claxon, los coches. Simplemente apertura. Esta apertura es Shin Jin Datsu Raku. Abandonarse cuerpo y espíritu en la meditación, a este momento, ahora.

Dogen escribe en Zenki “Este instante mismo es aquél de la naturaleza entera, ni grande ni pequeña, ni infinita ni ilimitada”. La naturaleza entera no se va. La naturaleza entera no viene. Y sin embargo, ella nace a cada instante, y muere a cada instante. Cada instante es aparición y desaparición, vida y muerte. Es mágico, es el misterio. Es la presencia. No es necesario pues hacer esfuerzos para volver a esta presencia, pues estamos ya en ella. Es la paradoja. Es simplemente la práctica por la práctica. Mushotoku. Sin la idea de obtener nada. La vida ahora.

De la misma forma, no tenemos necesidad de aprender a meditar, sino de dejar que la meditación se haga. Dejar de referirnos a conceptos. A ideas. Simplemente ver la simplicidad luminosa de este mismo instante. No hacer nada. Abrirse a la presencia en la cual nosotros somos uno con todo lo que es, y así desparece la idea de un yo separado. No es algo que se pueda comprender con la mente. No es algo que se realiza con esfuerzos. Es una total apertura. Sin ningún prejuicio. Sin ninguna opinión. Sin ningún deseo de encontrar nada.

Zazen 11:00

El kyosaku os saca de los estados extremos de demasiada somnolencia o demasiada excitación. Y os lleva instantáneamente a vuestra presencia. No tengáis miedo de pedirlo.

Es nuestro último Zazen juntos. Y yo estoy seguro que muchos de vosotros estaréis contentos de que se acabe. No es fácil una sesshin para el cuerpo que no está habituado a la inmovilidad, a la postura. Tampoco es fácil para el ego aceptar no hacer nada. No saber muy bien qué hacer al fin y al cabo. No saber qué hacer con los pensamientos. Con el cansancio. Con el dolor.

En nuestro camino espiritual, de monje, de bodhisattva, de debutante, tenemos la costumbre de hacer cosas. Incluso hemos cogido la costumbre de hacer Zazen, ceremonias, samu, costura de kesa, sesshin o campo de verano. Es casi siempre hacer, y en realidad está bien, pues es la actividad de la Fuente Original a través de nosotros. Y eso se manifiesta como presencia en el interior de todas las actividades. Nada sobra y nada falta en la presencia, en el corazón de todo esto.

La pregunta que debemos quizás hacernos es “¿Quién hace qué?”, “¿Quién hace esto?”. ¿Yo? Pero no sabéis muy bien quién es este yo. Y es por esto que naturalmente, inconscientemente y automáticamente venimos a buscar la respuesta en el corazón del silencio, de la presencia, de la meditación. Presencia. No hacer, sino dejar hacer. Dejar que la meditación se haga.

Para el yo, para el ego, es insoportable, incomprensible, y es por ello que muchos practicantes dejan de practicar. No hay respuesta para el yo. No hay respuesta con palabras.

En el Zazen no hay nada que hacer. Shikantaza. Simplemente sentarse, estar sentado. Y en esta simple postura, ver y comprender. Un ver que nada tiene que ver con la vista. Un comprender que nada tiene que ver con la inteligencia. Porque ver y comprender se producen naturalmente en la presencia. Espontáneamente. Sin esfuerzo. La presencia es el eterno ahora. El lugar mismo de la vida y de la muerte. El lugar de todas las percepciones. El lugar mismo de la aparición y desaparición de las cosas.

Así, dice Dogen, podemos decir que la presencia es la vida en nosotros. El barco, la vida, aquél que conduce el barco, que está vivo, no son más que uno. Y la presencia no es otra cosa que todos los seres. Esta es la revelación de la meditación, liberado de todo deseo de querer alcanzar nada.

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