SANSUIKYÔ, Dojo Budista Zen de Girona



Sesshin

3 i 4 de maig de 2014

Guy Mokuho Mercier

Traducció: Pere Marés

Sábado 3 de mayo 2014

Zazen: 08:30 h.

En febrero, en este dojo, dí una conferencia sobre la observación de si.

La observación de si que podemos practicar durante zazen y también durante todos los instantes de nuestra jornada. Observarse a si mismo es la manera real y única de conocerse a si mismo. Conocerse es la Vía Búdica. Conocer quien está aquí; aquello que soy; porque el sufrimiento; cómo poner fin al sufrimiento. Sólo es posible si conozco lo que soy.

Observarse a si mismo no es difícil. Pero para que esta observación dé frutos hay algunas condiciones y la primera es que esta observación debe ser sin juicio. Sin juicio sobre si mismo; es decir, que no juzgo aquello que aparece en mi, no me rompo en dos: entre lo que es juzgado y el que se juzga a si mismo. Ni me juzgo a mi mismo ni tampoco a los demás porque el juicio me corta la relación. Tenemos el hábito de juzgar todas las circunstancias, todas las sensaciones, todos los demás, todos los comportamientos y siempre es en función de nosotros mismos, de nuestro propio yo, de nuestros propios condicionamientos. El juicio oculta el sentir de las cosas en nosotros mismos y nuestro entorno.

Sin juicio quiere decir abiertos, acogedores, benevolentes en referencia a todo lo que se presenta en el campo de nuestra conciencia, sea lo que sea: emociones, pensamientos, apegos. Miramos y aceptamos sin juzgar.

Cuando observamos así, sin juzgar, naturalmente, inconscientemente ponemos fin al rechazo y al apego. Permanecemos en la observación, en la mirada que no escoge. Mirada ecuánime.

La segunda regla de la observación de sí es no intentar cambiar lo que es observado. El deseo de cambiar las cosas a menudo viene de nuestros juicios. Si no hay juicio, no hay intención de cambiar las cosas. Simplemente mirarlas tal como son. Permanecer en el Ver.

Después, si el espíritu se pierde en el pensamiento o se identifica con el pensamiento, volver a las sensaciones corporales que son la propia expresión de nuestra presencia. Fijando la atención sobre las sensaciones, volviendo la mirada sobre las sensaciones volvemos a esta “conciencia de ser” que es inmediata y está siempre aquí y ahora, que siempre es luminosa. Simplemente saberse “ser”. Permaneced en esto, en este conocimiento.

Zazen 12:00 h.

He aquí una pequeña enseñanza de Buda, pero que repitió muchas veces.

Buda dijo: existen formas corporales; hay sensaciones, percepciones, toda una actividad mental, distintos estados de conciencia ya sea personal ó impersonal; ya sea grosera ó sutil; elevada ó baja; cercana ó lejana. Cuando observamos todo esto de forma atenta podemos comprender la verdadera sabiduría. Todo esto no nos pertenece. Yo no soy esto ó aquello; esto no es mi “yo”. Practicando la observación durante zazen, es decir, en una actitud de presencia consciente, vemos el flujo de las cosas: las sensaciones, los sonidos, los pensamientos. Vemos todas estas cosas como espectadores y si permanecemos abiertos y acogedores nuestro propio inconsciente es incitado a emerger a la superficie consciente. Es en estas energías cautivas que, a menudo, están escondidos los mecanismos inconscientes, nuestros condicionamientos y la raíz del sufrimiento. Si permanecemos abiertos y dejamos aparecer lo que viene, aquello que aparece, desaparece sin afectarnos.

En la meditación es suficiente mirar. No es necesario hacer nada. Es simplemente una atención continua en nuestro flujo de conciencia y esto nos lleva a nuestra propia conciencia silenciosa, más allá de las palabras, más allá de los pensamientos.

A veces tenemos miedo de este vacío. Pero si permanecemos en esta mirada atenta, podemos ver que este vacío está lleno de cosas, lleno de vida. Podemos ver también como nuestros pensamientos intentan alejarnos de esta tranquilidad. Así pues, el trabajo que tenemos que hacer es siempre dirigir nuestra atención hacia este espacio de conciencia silenciosa. Podemos ver a partir de esta presencia silenciosa, desde esta observación acogedora como los pensamientos nos conducen siempre hacia la identificación con su contenido y cómo nos perdemos en ellos, es decir, perdemos esta presencia silenciosa y tranquila. Podemos ver en el juego de los pensamientos cómo se manifiesta el juicio, el rechazo, la condena a uno mismo ó a los demás y finalmente como nace el sufrimiento.

En el zazen se recomienda siempre volver a la postura. Es decir, abandonar la atracción enfermiza que tenemos hacia nuestros propios pensamientos, creencias, certezas, miedos. Volver a la postura una y otra vez es aceptar, permanecer abiertos sin la protección de nuestras ideas, de nuestras opiniones, sin buscar satisfacer un deseo, sin esperar un resultado. Es muy reparador. Volver a la postura es simplemente ver lo que pasa, sin juzgar, sin intervenir; de una forma sincera, sin esconderse detrás de un juicio, detrás de un concepto. Simplemente dejando todo abierto. Y no es tan fácil. Requiere paciencia y perseverancia y del resultado no nos ocupamos. Simplemente aquí y ahora; mirar, observar hasta que el propio observador desaparece.

Zazen 15:30 h.

Cuando observamos lo que pasa en nosotros decimos “el interior” ó alrededor de nosotros “el exterior”. Con benevolencia, con apertura, incluso con curiosidad, con sorpresa, con la sorpresa de un niño, puede pasar que cosas que están encerradas en nuestro inconsciente salgan a la superficie y generalmente no nos gustan demasiado. Lo que hay que saber es que cuanto más entramos en la profundidad de nosotros mismos, las resistencias son mayores. Cuanto más intentamos crecer, mejorar, profundizar en el conocimiento de nosotros mismos, más resistencias y rechazos encontramos en nosotros mismos y más negaciones. Todas estas resistencias son normales, incluso legítimas, tan inevitables como la sombra que sigue al cuerpo. Cuando el esfuerzo es grande, las resistencias son más grandes.

Así pues muchos practicantes abandonan a la primera resistencia que se presenta; otros perseveran pero también abandonan cuando la resistencia es realmente fuerte. Todos vivimos esto ya que tenemos una mente condicionada que busca reparar, que organiza las resistencias; las resistencias al cambio, las resistencias a la apertura. Así hay en nosotros fuerzas de afirmación y fuerzas de negación.

Nuestra práctica no es de favorecer unas y negar otras, sino de encontrar en nosotros la fuerza de reconciliación.

Es lo que el maestro Deshimaru llamaba “abrazar las contradicciones”; es decir, la Vía de en medio, la Vía de Buda. Ni a derecha ni a izquierda, ni delante ni atrás, ni antes ni después. Es simplemente ahora. Ni lejos ni cerca: aquí. Esta Vía de en medio, esta Vía que acepta nuestras resistencias, nuestras contradicciones. Es “Presencia” “Ser” acogiendo todo aquello que viene espontáneamente. La tradición Búdica habla de una actitud de ecuanimidad, una mirada ecuánime y en nuestra práctica consiste en desarrollar nuestra capacidad de aceptar en nosotros todos los aspectos de nuestro “yo” contradictorio. Abandonar el deseo de controlar para obtener un provecho.

Cuando reconciliamos todos los aspectos de nuestro “yo” contradictorio, quedamos abiertos al movimiento creativo, abiertos a la vida. Lo que Dogen expresaba diciendo: “Dejad a la vida Ser”.

Zazen 17:30 h.

Después de este zazen, después de kin-hin os propongo un mondo.

Pero antes quisiera hablaros todavía del tema de nuestras resistencias. Nuestra resistencia a los cambios, nuestra resistencia a la felicidad. Cuando digo resistencia hablo de estas posiciones que adoptamos frente a las cosas, frente a los seres a partir de nuestros condicionamientos pasados; de nuestros miedos de la infancia y de mecanismos racionales que hemos construido tal vez para protegernos y que alimentamos como si fuera nosotros mismos, mientras que hoy la situación ha cambiado con respecto a hace unos años. Mirando nuestras resistencias podemos comprender cada vez mejor lo que se opone en nosotros a la paz y a la felicidad. Cuanto más fuertes se hacen nuestras resistencias, nuestras reacciones, nuestro lado oscuro que se afirma, más nos da a veces la impresión de no poder llegar, de no haber progresado; pero es sin embargo la señal de que estamos tocando algo verdadero en nosotros. Durante zazen miramos todo esto con mirada ecuánime; mirada que no juzga y si es posible en un cuerpo relajado.

Sabemos que el agua fluye rodeando los obstáculos. Entonces nosotros también podemos utilizar nuestras resistencias, nuestro lado oscuro, nuestra cólera como fuerzas que se nos ofrecen para encontrar el camino, la Vía.

En la oscuridad hay luz.

En la luz hay oscuridad.

Esto leemos en el Sandokai que hemos cantado esta mañana.

Así pues, miramos nuestros lados oscuros, los acogemos, los trasformamos en luz y entonces los apegos, las adicciones, los lados oscuros se convierten en despertar.

De la misma forma que Buda les pidió a sus discípulos que cosieran sus vestidos con retales, con trozos de telas rechazadas y que usaran estos retales para hacer sus hábitos de práctica, de la misma forma es como con nuestro lado oscuro, nuestra avidez y nuestra cólera que cosemos el kesa del despertar. Punto a punto. Iluminar nuestro propio espíritu.

Zazen 20:15 h.

La semana pasada en la Gendronnière me vinieron estas palabras para expresar los votos del Bodishatva.

Por numerosos que sean los seres hago el voto de amarlos a todos y que es de amor de lo que están tan necesitados.

Por numerosos que sean mis bonnos, mis apegos, mis resistencias, mis dudas, mis miedos, mis karmas compulsivos, hago el voto de iluminarlos todos para ayudar a todos los seres.

Por numerosos que sean los aspectos difíciles y los sufrimientos de esta existencia que me ha sido dada para vivir, hago el voto de acogerlos todos, de verlos y de aceptarlos todos y hacer con ellos un kesa del despertar para todos los seres.

Por perfecta que sea la Vía de Buda hago el voto de estudiarla, de ponerla en práctica, de enseñarla hasta el olvido de mí, hasta el fin del sufrimiento.

Domingo, 4 de mayo de 2014

Zazen 8:30 h.

Mantened la respiración silenciosa, consciente, sutil, tranquila.

Cuando la mente es capturada por los pensamientos, pensamos. Pero estos pensamientos no duran y en un momento nos damos cuenta de que ha habido una ausencia de pensamiento y volvemos a la conciencia del ahora, sin juzgar lo que ha pasado mientras estábamos en los pensamientos. Simplemente volver a la conciencia de la presencia. Simplemente esto: saberse “ser”.

Observarse a si mismo es estudiarse a si mismo y es esto la práctica: una vía de conocimiento de nosotros mismos, de lo que somos, de los aspectos impermanentes, efímeros y los apegos, las resistencias, las emociones ligeras o fuertes; miramos todo esto y mirar todo esto es practicar, es practicar el Zen, el Ver del Buda.

Es a partir de esta observación que aparece la comprensión. Una comprensión que no necesita las palabras. La observación es un trabajo inmediato, es también un trabajo que se realiza lenta y pacientemente.

Tratamos de ser honestos con nosotros. Reconocer nuestro lado oscuro, sabiendo que la luz está en la oscuridad. Así cesamos de pelear con nosotros mismos, dejamos de querer ignorar esta parte oscura: la dejamos venir a la luz. Querer pelear con nosotros mismos es un combate que no tiene final.

Así pues, simplemente abrirse y mirar, observar, aprender de nosotros; no hay límite en este conocimiento. Podemos ver que existe una bondad fundamental, una sabiduría innata en cada uno de nosotros. Pero para que esto se manifieste hay que relajarse interiormente y exteriormente, y refugiarse en una observación que no rechaza ni se apega.

El espíritu benevolente, acogedor, que no se cierra en sus propias opiniones que no reacciona desde sus propios mecanismos. El zen es esta relajación, incluso para aquellos a quien les es un poco difícil y es una relajación de apertura. Miramos sin identificarnos con lo que miramos.

Vemos como la mente intenta controlar la meditación. Vemos como intentamos encontrar un despertar en nuestra meditación; cómo siempre estamos ávidos de encontrar alguna cosa y como esta avidez es tensión: tensarse hacia un objetivo es cansado.

Así pues descansemos en la tranquilidad del “no-hacer”. Simplemente miramos. Aprender a no identificarse con lo que pasa; simplemente ver y sentir, incluso si es sufrimiento, incluso si son emociones negativas o aspectos desagradables de nosotros. Los dejamos que nos atraviesen sin escaparnos. Es esto coser el Kesa. Cada punto es diferente. Cada punto revela lo real. Nuestra práctica es la práctica de la tranquilidad sin movimiento; del esfuerzo sin esfuerzo; de la visión clara. Somos personas que ven. Es la alegría sin razón; la luz que se ilumina a si misma. Hishiryo.

Zazen 12:00 h.

Para responder a la presión de nuestro sistema educativo, cultural y social, hemos construido en nosotros defensas, protecciones, mecanismos de respuesta que se han vuelto tan íntimos que son prácticamente inconscientes. Hemos desarrollado con nosotros mismos arreglos y compromisos que han ocultado la realidad de lo que somos realmente; y estos mecanismos actúan incluso en la observación de sí y hacen imposible la visión justa.

A causa de nuestros miedos inconscientes, preferimos sentir y ver siempre lo mismo en lugar de poner en cuestión nuestros mecanismos internos. Así que miramos el mundo, protegemos nuestros hábitos, nuestra personalidad con un sistema de mecanismos muy elaborado. Y puesto que nuestros mecanismos dificultan nuestra capacidad de observación y nos apartan de nuestras emociones y también de nuestros sentimientos; empezamos a sufrir.

Así pues debemos realmente estudiar todo lo que se opone a nuestra tranquilidad, a nuestra alegría, a nuestra presencia.

No deseo hacer un curso de psicología aplicada, pero hay cosas que se oponen a la relación justa con los otros y con el mundo. Y lo primero que ya he citado es el juicio. Pero también existen los reproches: los que dirigimos a los otros y los que nos dirigimos a nosotros mismos. Es una forma de mantener el control; también existen las justificaciones: una forma de no responsabilizarnos de nuestras acciones, de nuestros pensamientos.

También existe el sentirse ofendido por los demás ó por las circunstancias; por todo aquello que nos molesta, por todo aquello que se opone a nuestros hábitos ó a nuestra importancia.

También existe la piedad hacia nosotros mismos y hacia los demás. Y también la culpabilidad. Podemos desenmascarar todos estos sistemas de mecanismos pero cada uno lo debe hacer por él mismo.

Todos estos mecanismos distraen nuestra atención de todo lo que es observado y nos impiden ver la realidad de lo que somos. Nos separan de la realidad del instante presente, de la escucha espontánea, de la posibilidad de unirse a la verdad. Nos separan también de la posibilidad de pedir ayuda.

Hay que ver que todos estos mecanismos que reproducimos sin cesar son el fundamento de lo que en el budismo Zen llamamos “atrapar y rechazar”.

Acordémonos de las palabras de Sosan en el Shin jin mei que dice: “En verdad no somos libres porque queremos sin cesar atrapar y rechazar”.

También en nuestra práctica del Zen y en nuestra práctica cotidiana aprendemos la paciencia y la acogida benevolente para no tener necesidad de utilizar los reproches y la cólera. Aprendemos a actuar con nuestro corazón y nuestra sinceridad para no tener necesidad de justificarnos ó sentirnos culpables.

Cuando dejamos de esperar una recompensa o resultado de todo lo que hacemos, perdemos de forma natural importancia. Es la práctica de Mushotoku. No se hace con la cabeza sino con el corazón. Cuando dejamos de actuar como víctimas y nos hacemos responsables de nuestros pensamientos, de nuestras palabras, de nuestras acciones, la vida se vuelve VIVA. Los mecanismos desaparecen, la identificación con el pensador desaparece. Entonces miramos simplemente en nosotros todos nuestros mecanismos. Simplemente poniéndolos a la luz podemos librarnos de ellos.

Este es nuestro trabajo de investigación, nuestro trabajo de observación, de reconocimiento de lo que somos. Ver en nosotros lo que es falso, es lo que nos permite acceder a lo que es verdadero.

Zazen 15.30 h.

Estudiamos la Vía de Buda en nuestra escuela Zen Soto, el budismo y todos los esfuerzos que podemos hacer para ver los mecanismos inconscientes que nos controlan, que nos alejan de nuestra naturaleza apacible; todo esto forma parte de la práctica-realización de la Vía.

Hablo de esfuerzo y ayer hablé de esfuerzo sin esfuerzo. Para mirar, para observar no hace falta hacer esfuerzos. Observar lo que pasa en nosotros es solamente despertar al flujo de las cosas en nuestro campo de conciencia.

Desarrollamos una calidad de acogida. He hablado también de la mirada ecuánime que no selecciona lo que se manifiesta en nosotros. Y a veces salen cosas que no nos gustan y que no gustan tampoco a los otros. Pero aceptamos, acogemos, miramos. La vida nos ofrece un montón de posibilidades para liberarnos, para ver, para aprender. A veces cuando rechazamos, cuando resistimos viene el sufrimiento.

Debemos estar atentos, pacientes, perseverantes, para llevar a cabo este trabajo de aceptación de sí. Ver y aceptar las contradicciones del pequeño “yo”. No hace falta correr, pero no hay que pararse.

La práctica de zazen, si tenemos confianza actúa con dulzura: naturalmente, inconscientemente, automáticamente.

Miramos en nosotros y naturalmente se desvela nuestra bondad natural y también nuestro caos interior. Entonces tomamos refugio en los tres tesoros. Y tomar refugio en los tres tesoros es tomar refugio en nuestra naturaleza benevolente, en nuestra naturaleza de bodhisattva. Con nuestras dificultades, con nuestro lado oscuro, con nuestras dudas, nuestros miedos y también con nuestros aspectos luminosos, nuestra alegría, nuestra generosidad hacemos un Kesa del despertar para nosotros y para los demás.

Punto por punto, paso tras paso, momento tras momento y en esta atención, en este punto inalcanzable del momento presente, es donde se revela lo que somos; donde encontramos el nacimiento y la esencia de todos los Budas.

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