SANSUIKYÔ, Dojo Budista Zen de Girona

Centre Zen de Barcelona

10 de febrer del 2014

La observación de uno mismo

Guy Mokuho Mercier

traducció: Pere Marés

(Transcripció pendent del vist-i-plau)

Buenas noches yo hablo un poquito español. Lo comprendo bastante bien pero prefiero que Pere traduzca por mi porque es un tema interesante, difícil y al mismo tiempo una cosa muy fácil que cada uno de nosotros puede practicar.

Ante todo quiero dar las gracias a los responsables de este dojo por organizar este conferencia y por haber puesto a disposición de los practicantes este lugar tan bello. Aprovecho para decir a los que están aquí que estoy desolado por no haber podido estar aquí en la inauguración de diciembre. Porqué es un dojo que yo vi cuando fue comprado hace 5 o 6 años. He ido viendo todos los cambios todos los años He visto todos los problemas que ha habido y la dificultad de realización del centro. Para mi habría estado muy bien haber podido venir a la inauguración. Yo no pude y gracias a todos los que han hecho posible este nuevo dojo.

El tema de la conferencia de esta noche es la observación de si mismo. Pero esto se refiere también a la forma de practicar la meditación. Esta forma de meditación, en la escuela Soto Zen que se practica aquí, se enseña la postura para sentarse. Para muchos esta postura es poco natural porque hay que cruzar las piernas, hay que sentarse recto y no siempre es fácil. A veces para nosotros es muy difícil. Como occidentales no tenemos la costumbre de sentarnos en el suelo. A menudo no tenemos las articulaciones suficientemente elásticas y no se arregla con la edad. Hace falta un largo entrenamiento.

Pero la meditación no es solo la postura del cuerpo, es también aquello que ocurre en nuestro propio espíritu. Es de esto de lo que quiero hablar: ya que si no podéis practicar en la postura del loto, medio loto, en cuarto de loto, o décimo de loto, no será por esto que no podréis practicar la meditación

La meditación puede practicarse y debe practicarse a cada instante, continuamente. Continuamente hay que estar atento a lo que ocurre en nosotros y alrededor de nosotros. Sabemos la gran pérdida de tiempo que suponen muchas actividades y cuantos pensamientos inútiles tenemos todos los días, que pensamos que son importantes pero que olvidamos muy deprisa. Y la práctica de la meditación no es solamente en el dojo, durante la meditación, sino en cada momento de la jornada.

He preparado muchas cosas pero voy a intentar de no servirme de mis notas porqué el (traductor) las ha leído todas para comprender un poco lo que voy a decir

Si estáis aquí esta noche es porqué comprendéis que hay que hacer alguna cosa con vuestra existencia. Para comprender este sufrimiento que a menudo tenemos por estos estados de ánimos por los que pasamos. Esta vida que se desarrolla de un momento a otro y que cuando nos hacemos más viejos parece como un sueño.

¿Qué es este sueño? En este sueño hay un montón de cosas que pasan. Cada uno de nosotros tiene características y capacidades. Muy bien. También tenemos deseos, tenemos costumbres, tenemos creencias, tenemos opiniones, tenemos miedos, tenemos amigos, tenemos enemigos, y a menudo nuestra existencia consiste en un combate. Es lo que nuestros padres nos dicen cuando somos pequeños. La vida es un combate, tienes que pelear, para conseguir tu sitio. Pero estamos siempre en nuestro lugar, durante toda nuestra existencia nunca dejamos nunca nuestro sitio. No podemos estar fuera de allí donde estamos. ¡Fantástico!. Y es aquí donde estamos donde podemos realizar el “conócete a ti mismo” de Sócrates.

Es aquí donde estamos ahora donde podemos despertar. Hay que ver como el pensamiento manipula la enseñanza de los maestros, sabios y despiertos para decirnos que el despertar va a venir y que vamos a despertar si hacemos mucho esfuerzo. Y a nuestro ego le gusta mucho esto porqué contra más esfuerzo hay, más nuestro ego se hace fuerte y esto da vueltas sin cesar. Dar vueltas sin cesar en nuestro propio espíritu es lo que en el budismo se llama:”el Samsara”, “el errar”. Como el pequeño hámster toda la vida en la rueda. . . Está claro que en tanto que no me conozco a mi mismo soy el sujeto del sufrimiento.

Soy el sujeto de la influencia de los otros, de los “media”. No entiendo porqué las cosas me pasan, quiero esto pero tengo aquello, no quiero esto pero viene, estoy siempre en la confusión. Además hoy sabemos muy bien que son “los media” que configuran nuestras opiniones y creencias. Desde la mañana a la noche escuchamos la radio, las informaciones, los periódicos, nos hacemos del partido socialista o del liberal, el carnet del Barça, y nos peleamos por nuestra opinión, por nuestras decisiones. El camino que propone el Budismo, es un camino de retorno a si mismo.

Haciendo un pequeño paréntesis, aquellos que se comprometen con el Budismo toman refugio en los 3 tesoros. Los tres tesoros son: Buda, que es nuestra propia naturaleza, el Dharma que es lo que se pone en acción para hacer emerger la vida (es lo que es la vida misma, pero en su espontaneidad) y la Sangha, que son todos los seres (que son el reflejo de todo lo que soy en esencia). Tomar refugio en los 3 tesoros (que es el compromiso de los discípulos de Buda) es tomar refugio en nuestro propio espíritu. Es volver a la tranquilidad del propio espíritu más allá de los pensamientos mismos. Más allá de la agitación que hay siempre en este espíritu cuando estoy identificado con mis pensamientos. Es decir, cuando me creo el pensador de mis pensamientos.

Entonces, lo que os digo os puede parecer un poco curioso. Soy yo que pienso. Cuando digo esto doy fuerza a un yo que piensa y me identifico con un yo que piensa, pero cuando practicáis la meditación os podéis dar cuenta que los pensamientos nacen, aparecen, en vuestro espíritu sin preguntar vuestra opinión. Es decir que esto aparece y os invito, aunque no lo hagáis aquí en el dojo, a que miréis como se produce el pensamiento. No a lo que pensáis, porqué podéis pensar en cualquier cosa, sino como se produce el proceso el pensamiento. Como la conciencia (que en un momento puede estar tranquila identificándose con el pensamiento) se limita al propio pensamiento y de alguna manera da existencia al pensamiento y al contenido del pensamiento.

“Oh yo hubiera tenido que hacer esto en el trabajo . . .””Oh hubiera tenido que decirle aquello a mi mujer . .” “estaría bien si le dijera aquello” . . . y después pienso otra cosa. Todo el día va de esta forma.

Pero si todo el día estáis implicados en este flujo de pensamientos, no podréis comprender nunca el espacio en el cual los pensamientos aparecen. Esto es lo que aporta la meditación en el momento en que uno está sentado en silencio con los demás o solo. Los pensamientos se van y ¿qué queda? algo que no podéis definir con palabras. Conciencia de Ser, una tranquilidad. ¿Porqué? Porque ya no hay pensamientos. Ya no hay más. Estamos tranquilos y bruscamente en este espacio de tranquilidad...“ah! pero me olvidé de hacer aquello ayer!”... “Tengo que hacerlo más tarde!”. “Pero antes tengo que hacer lo otro y después tengo que hacer aquello...” y ya empezamos.

Pero los pensamientos son efímeros. Pero los pensamientos nacen y desaparecen. Y su contenido también desaparece. Y después del pensamiento aparece de nuevo la tranquilidad si no hay todavía otro pensamiento y pensamientos que se encadenan. Y durante la meditacion, cuando miráis esto, podéis volver hacia atrás y ver que ha habido un pensamiento y dentro de este pensamiento una pequeña cosa que ha hecho nacer el segundo y el tercero. Estos que se encadenan no tienen relación los unos con los otros, pero nos dan la idea que hay un “yo” que piensa y es de esta forma que dais existencia a un “yo” que piensa y cuando hay sufrimiento en los pensamientos del yo hacemos que exista el sufrimiento. Damos existencia al sufrimiento por esta falsa creencia de los pensamientos que hablan de sufrimiento son “nuestros” pensamientos, “mis” pensamientos. Pero si los dejo pasar, si vuelvo a la tranquilidad de esta conciencia en la cual aparecen, entonces los pensamientos se van y no dejan rastro. No es del todo cierto porque hay pensamiento verdaderamente compulsivos que vuelven, que vuelven, que vuelven. Y cada vez hay que aceptar este estado de pensamientos que vuelven, simplemente sabiendo que son pensamientos y que “yo” no soy estos pensamientos.

Es muy importante en el Zen y os voy ha hablar ahora de mirar las cosas. Pero tampoco “sois” lo que miráis. Lo que miráis son pensamientos, objetos, paisajes. Lo que miráis en vuestro espíritu son pensamientos, sensaciones o percibís cosas, sonidos que se producen fuera pero los oís aquí. Todo esto se hace para revelar una cosa: el espacio en el que estas cosas aparecen. Y este espacio es nuestra identidad. La conciencia que toma conciencia del mundo exterior y interior. Pero es la misma conciencia que percibe los dos. Es la misma conciencia que ve allí lo que hay allí y que ve en el espíritu los pensamientos.

Y esta mirada, de la que os quiero hablar, quiere decir también: sentir. Quiere decir percibir. Quiere decir también, meditar, contemplar.

Quiere decir percibir. Quiere decir también, meditar, contemplar.

Cuando hay muchos pensamientos ¿cómo vamos a meditar? Y aquí llego a este principio de la observación de uno mismo. Cada uno es capaz de la observación de si mismo. No hay un solo ser humano que no sea capaz de mirarse a si mismo. Hay que aprovechar esta capacidad que tenemos de observarnos para ir hasta el fondo de esta observación. Y esta observación necesita evidentemente una calidad de atención total. Comprendéis bien que si no estamos atentos no podemos observar. Observaremos un aspecto de las cosas pero no podremos entrar en el detalle de las cosas. Entonces esta calidad de atención es también lo que se profundiza en la meditación. Es decir, mantener la mirada allí donde estamos. Comprendéis que si pensáis en vuestro trabajo la atención está dispersa. Después en el trabajo estáis pensando en la velada de mañana, en el próximo fin de semana, en vuestros problemas con el coche, etc. etc. Mantener la atención focalizada en aquello que se observa es capital. Y esto se aprende. Se aprende pero toma su tiempo. Si estamos todo el tiempo en la acción y en la actividad está bien si estamos concentrados, pero no tenemos el tiempo de observarnos a nosotros mismos.

Una de las principales enseñanzas de Buda es el Satipatthana sutra. Sati es la atención y patthana son los 4 dominios sobre hay que llevar la atención, focalizar la atención, que son: las formas (de alguna manera todas las formas,) el cuerpo (todas las sensaciones que hay en el cuerpo, las percepciones y todas nuestras construcciones mentales. Durante la meditación todo esto existe allí donde estamos. Podemos escuchar sonidos, podemos tener pensamientos, en el cuerpo hay sensaciones. El cuerpo en si mismo es una sensación total Y hay “eso” que mira. Volvemos a esto que mira y todo lo que es mirado y tomamos una cierta distancia. Tomamos una distancia respecto a lo que miramos y nos damos cuenta que no “somos” lo que miramos. ¿Cómo explicar esto? No es posible. . .¡Lo que miráis no lo “sois”, sois “aquello que mira”! ¡Esta Conciencia que toma conciencia de lo que es percibido, mirado y sentido!

¿Cómo hacer que esta observación se desarrolle de una manera que yo pueda aprovechar?. Hay varios principios en la observación de uno mismo. El primero es capital, no solamente para la observación de si mismo sino también en la vida cotidiana: la observación debe ser sin juicio.

¿Qué es el juicio? el juicio es un pensamiento que decide lo que es bueno y lo que es malo. Todos nos juzgamos, pero debemos comprender que este juicio que llevamos sobre las cosas, sobre pensamientos, sobre los demás, sobre las circunstancias, sobre la vida en el despacho, sobre la vida en el dojo, está fundamentado sobre las propias creencias. Creencias que de hecho nunca cuestionamos, porque nuestras creencias son nuestra verdad. Pero esta verdad, la verdad de nuestras creencias, es una ilusión. Nuestras creencias están fundamentadas sobre nuestros condicionamientos, sobre nuestra educación. Nos han enseñado esto está bien y esto está mal. Después son los periódicos que dicen esto está bien esto está mal. Después nosotros nos hacemos una opinión y nos decimos esto está mal, esto está mejor. Dicho de otra manera, el juicio está formado sobre un pensamiento que se apoya en algo que no es cierto, que es una opinión, un condicionamiento de mi mismo.

Esto es muy importante cuando el juicio se refiere a algo que pasa en mi. Por ejemplo en la meditación: yo pienso en el sexo y me digo “no es bueno”. Ok todo el mundo va a decir esto en la meditación “no puedo pensar en el sexo”. “No está bien”. Y ¿porqué no está bien?. El sexo está bien. Yo he decido que el sexo no está bien y corto cualquier cosa que aparece en mi. Corto un pensamiento que ha aparecido en mi, me corto yo en dos, lo que está en mi (la idea del sexo) y el juicio que rechaza esto.

Esto es muy importante porque uno se separa de si mismo y además detrás viene la idea de la culpabilidad. “Yo no debería pensar en esto”, “no está bien”. Y este juicio de alguna manera mantiene la idea de un “yo” que está todo el tiempo haciendo la guerra contra mi, decidiendo lo que debo hacer y lo que no debo hacer. Entonces el juicio, cuando interviene en la meditación o en cualquier momento de la existencia, pone fin a la escucha, a la observación y a la apertura. Y lo sabéis muy bien. Viene alguien a contaros su historia, “Si, si,si...”, pero estáis pensando lo contrario y os decís “¡que imbécil! no ha entendido nada”. Es la manera de poner fin a la escucha, a la relación. Generalmente en las parejas al cabo de algunos años nos volvemos muy buenos en esta clase de práctica. Daos cuenta que los juicios hay que verlos justo al final de los pensamientos; el juicio interviene en este momento. Y después hay “no debería juzgar” que es otro juicio, y “ya lo sé muy bien que no debería juzgar” y veis como se hace este juego en vosotros y al final decís “Ok ya veo”. Vuelvo a la postura de zazen a la tranquilidad, al propio espíritu, al espacio silencioso. Ya veis como interviene el juicio y es la primera cosa en la que hay que reparar durante la meditación y también en la vida cotidiana. Cuando escucháis a los demás no hay posible empatía si hay juicio. El juicio os aleja del otro y de vosotros mismos.

El segundo punto importante en vuestra meditación y en la corriente de vuestra vida es no buscar cambiar lo que observáis. Es lo que deberíamos hacer.

Este deseo de cambio viene justo detrás del juicio. Es decir: “esto no está bien, no es bueno”. Entonces hace falta que me convierta en esto otro. Toda nuestra vida y la vida de muchos pasa queriendo cambiar las cosas, queriendo cambiar lo que soy porque simplemente hay pensamientos así que no queremos. Pensamientos que buscan definirnos, pero que no son otra cosa que pensamientos. Son como las nubes que pasan. Pero, como los tomamos por “nosotros mismos” y como hay pensamientos que no queremos vamos a querer cambiar. Así que el cambio es provocado por la idea que tenemos sobre el contenido de nuestros propios pensamientos.

Antes durante la meditación he hablado de esto, del deseo de cambiar las cosas. Cuando practicamos una vía espiritual es para cambiarnos, porque estamos hartos de esta existencia de sufrimiento o de ignorancia y hoy en día la meditación y el Zen están de moda. En los periódicos se dice la meditación pacífica, la meditacion tiene reclamo. Entonces vamos a buscar la paz y el problema es que los problemas aparecen siempre.

En el espíritu el que los considera como un ruido inútil y quiere sacárselos de encima. La meditación que debería ser una apertura, un camino hacia la tranquilidad, se convierte en otra cosa con la que nos peleamos y cuanto más queremos cambiar las cosas más nos vamos a pelear. Y la meditación no es esto. La meditación no pretende cambiar lo que aparece en el campo de la conciencia. Entonces se necesita valentía, coraje, ánimo. A veces aparecen en mi cosas desagradables y digo “esto no soy yo” y cuando digo esto hago vivir mi yo y ya estoy en la batalla. Así pues no querer cambiar las cosas y aceptarlas tal como son pide realmente coraje, porque a veces vemos que expresamos sentimientos, emociones y palabras que salen demasiado deprisa y hay que aceptarlo. Aceptar este lado oscuro de nuestra existencia. El lado luminoso también. Evidentemente no podemos contentarnos solamente con el lado luminoso, los dos van juntos. No queremos esto, queremos esto otro. Pero lo otro vendrá siempre porque forma parte de lo que somos. No cambiar lo que percibimos es aceptar este lado oscuro y la aceptación por ella misma cambia las cosas.

Sabéis que ocurrió alrededor de los años 30 la física cuántica apareció y un señor alemán llamado Heinsenberg, formuló un principio que se llama el “Principio de la Incertidumbre”. Quiere decir que de hecho en Física Cuántica se han dado cuenta que la observación cambia lo que es observado. Entonces no hace falta que queramos cambiarlo porque ya cambia. Lo que es interesante en la práctica budista, si os doy el consejo de mirar las cosas con benevolencia, es: que ver que todo lo que aparece en el campo de la conciencia es la vida misma que se manifiesta bajo la forma de un pensamiento oscuro o sobre la forma de un pensamiento luminoso, de una sensación dolorosa, de una emoción perfecta o de una emoción de tristeza. Cuando miro esto como siendo la manifestación de la vida y lo miro con benevolencia e incluso con gratitud, con amor, estas cosas que miro son bañadas con la visión de amor y benevolencia. En este momento todo lo que aparece en mi acabo amándolo, acabo viendo detrás de esto la expresión de la esencia de la naturaleza de Buda. Percibo la esencia de las cosas detrás de todo lo que veo. Detrás en todos los seres no veo sino Buda. Y esto es el despertar de Buda. Esto es el despertar de Buda. El despertar de Buda es yo y los otros somos Uno. En cambio cuando estamos identificados en nuestro pequeño ego hay siempre yo y el otro. Y entre los dos el juicio. Entonces no hace falta cambiar las cosas. Cambian ellas mismas Ysi las miro como siendo la manifestación de la vida, si las miro con verdadera mirada benevolente estas cosas pasan y permanezco en el flujo de lo que aparece y desaparece (es decir, si no abandono la aparición de la vida en mi, por pensamientos futiles, por sueños). Permanezco en lo que es. En el momento presente. Es aquí donde pasa. Todo ocurre aquí, en el momento presente

La tercera manera de preservar el momento presente y de mantener la atención es de volver a las sensaciones del cuerpo, seamos jóvenes o viejos. Es lo mismo porque el cuerpo está siempre aquí i ahora. Y cuando miro una sensación en el cuerpo llevo la atención a la conciencia del ahora y esto es capital. El Buda va más lejos todavía. El Buda nos dice debéis observar la sensación dentro de la sensación o debéis mirar la percepción dentro de la percepción. Es decir, lo que debéis aprender en la meditación es a afinar vuestra atención para visitar completamente la sensación. Hacerse uno con la percepción y de alguna manera desaparecer en tanto que yo y que no hay más que simplemente lo que es ahora. ¿Es fuerte, no? Es muy fuerte. Así pues hay que volver a lo que ahora es el cuerpo que nos ayuda a unificar la conciencia y el cuerpo mismo, el espíritu y el cuerpo.

Pero para que esta observación funcione sin juicios, sin buscar cambiar las cosas apoyándonos en las sensaciones, hace falta una 4 cosa que es: una enorme honestidad, sinceridad. Es decir, que mi atención se quede fijada en lo que aparece ahora. Sabéis bien lo versátiles que podemos ser. Cambiamos muy fácilmente de opinión de partido, de creencias, cambiamos de opinión de un día para otro en función de las circunstancias y nos mentimos a nosotros mismos continuamente. Digamos que muy a menudo. Así que verdaderamente hace falta honestidad y que esta honestidad perdure, pase lo que pase. Aunque nos pasen cosas muy difíciles, las cogemos como un regalo y las transformamos a partir de esta mirada benevolente.

Bueno ya lo he dicho todo. La meditación del Zen, como conclusión, no es una práctica para mantener el cuerpo en inmovilidad. A menudo se dice no os mováis. Pero no os mováis se refiere al espíritu de atención, que debe permanecer focalizado sobre el momento presente, en la atención de lo que aparece y desaparece a cada instante

En el programa de la meditación de la escuela Zen también tenemos rituales, cantamos sutras. También es la práctica. Cuando lo hacemos es lo que es real. Lo hacemos para mantener esta atención de la meditación en los cantos, en la recitación, pero también después en el continuo de la jornada. Porque no hay un momento en que haya un verdadero zazen y un momento en donde no hay zazen. No hay momento en el que estamos vivos y otro en el que no estamos vivos. En tanto que estamos vivos tenemos la oportunidad de realizar este despertar de Buda que es “soy uno con todos los seres”.

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